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En
1792 comienza en Santander a funcionar la primera imprenta. Su propietario,
Francisco Xavier de Riesgo y Gonzelarena, era un palentino que fue
contratado por el obispo Rafael Thomás Menéndez de
Luarca.
En ese taller
empezaron a imprimirse las escrituras, papeletas de pago y ordenanzas
sobre el régimen y conservación del camino real
a Burgos, así como certificaciones de matrícula
de la escuela de Náutica y Dibujo y ordenanzas de todo
tipo.
El Santander
de la época estaba evolucionando de villa a ciudad. Los
hijos de los comerciantes y artesanos propiciaban un avance social
y comercial que hizo posible que en 1809 se imprimiera un cuaderno
informativo de breve formato que no tuvo continuidad hasta 1813.
Entre esta fecha y 1844, año en que comenzó a editarse
El Diario de Santander,
muchos fueron los intentos, frustrados todos ellos, de poner en
marcha un semanario.
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| LA
GUERRA DE LA INDEPENDENCIA Y LAS CORTES DE CÁDIZ
El primer
periódico oficial de Santander llamado "protohistórico"
llevaba por nombre La Gazeta de
Santander y tiene fecha de 1809. Lo mandó
publicar el gobernador militar y jefe político de la provincia,
Francisco de Amoros y Hondeano, que había sido nombrado
por Napoleón. Eran doce folios sin pie de imprenta y tampoco
llevaba numeración que indicara continuidad. Se tiene constancia
al menos de otro ejemplar, fechado el 23 de marzo de ese mismo
año.
La
Gazeta de Santander daba cuenta de la marcha de
la ocupación francesa y de los designios del Emperador
al respecto. Una de las noticias relevantes publicadas en el citado
periódico fue la condena a muerte del obispo Menéndez
de Luarca, curiosamente quien contrató al primer editor
de la ciudad. Según La Gazeta
de Santander el obispo era un traidor enemigo
de Francia y España y por ello debía ser pasado
por las armas.
En
1813 nace El
Montañés, un semanario que
salió a la calle once meses después de que las tropas
napoleónicas se retiraran de la ciudad. El editor de esta
publicación, Bernardino Serrano, era un funcionario de
Aduanas a quien la historia otorga el indudable honor de haber
sido el fundador de la prensa montañesa.
Con los absolutistas
en contra y una opinión pública que le consideraba
revolucionario, El Montañés
no pudo lograr que la imprenta de José Manuel de Mendoza
tirase más de dos números. Cuando su editor, Bernardino
Serrano, recurrió a la imprenta regentada por Francisco
Xavier de Riesgo, obtuvo una segunda negativa. Serrano acudió
a los tribunales amparándose en la Constitución
de Cádiz que contemplaba "el derecho a escribir, imprimir
y publicar las ideas sin necesidad de licencia". El impresor
Riesgo fue multado y arrestado, pero sus influencias le valieron
el levantamiento del arresto y Serrano no consiguió seguir
editando su semanario.
En su lucha
por las ideas innovadoras, Bernardino Serrano saca a la calle
El Observador Imparcial
en mayo de 1814. Pero un día antes de que el nuevo semanario
viera la luz, Fernando VII, que había vuelto a España
en abril, firma el decreto que anula la Constitución. Tuvieron
que pasar cinco años, y con la Constitución restablecida,
para que este pertinaz cántabro volviera a aventurarse
en otros dos semanarios: El Constitucional
y El Semanario Cántabro.
Del primero se imprimieron ocho números, mientras que el
segundo, que se vendía a cinco cuartos, no pudo sobrevivir
más allá de cinco meses acuciado por los problemas
económicos.
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| LA
GUERRA CARLISTA (1833 - 1838)
Entre
1822, año en el que circuló un semanario titulado
El Imparcial santanderiense,
y 1833, en que aparece el Boletín
Oficial de la Provincia de Santander, no hay referencias
de que en la ciudad se publicara cabecera alguna. Un período
que los historiadores de la prensa santanderina han calificado
como la "década ominosa".
El
Boletín pasó a ser, sin solución
de continuidad, El Cántabro
y, en septiembre de 1836, Boletín
de Santander. Entre esa última fecha y
marzo de 1837 aparecen El Argos,
El Lince y El
Boletín Oficial de Santander. Todos ellos
posicionados claramente a favor del orden constitucional de Isabel
II. Así se podía leer en El
Lince: "Guerra a dos Carlos y odio eterno
y execración perpetua al despotismo donde quiera que se
halle...". La información sobre las escaramuzas entre
los constitucionalistas y los carlistas que tuvieron como escenario
la provincia ocuparon buena parte de las páginas de esas
publicaciones.
En
1850 comienzan a publicarse en la ciudad los primeros periódicos
diarios. De esa época data la aparición de la publicación
de más larga existencia después de El
Boletín de la Provincia. El nuevo diario,
denominado El
Boletín de Comercio, salió
a la calle el 5 de agosto de 1839 con el objeto de informar a
comerciantes, armadores y consignatarios de todo lo relacionado
con su actividad. A pesar de su exiguo formato, una hoja muy pequeña,
esta publicación es considerada hoy como la crónica
viva de más de medio siglo de la ciudad, muy especialmente
del período de esplendor del puerto, cuando Santander llegó
a ser conocida como la "Liverpool" de España.
De
las publicaciones posteriores de esta época cabe resaltar
El Vigilante Cántabro,
que duró tres años. Y entre 1842 y el 1849, ocho
semanarios más, algunos literarios, y uno, El
Buzón de la Botica, que se autodenominaba
"publicación pseudo-periódica", según
rezaba su cabecera.
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Concha
García Campoy y Juan Antonio Prieto en el homenaje ante
la estatua que, muy cerca de la playa de El Sardinero, en Santander,
recuerda al periodista y poeta José del Río "Pick" |
| 
Una
delegación de la FAPE y la Asociación de la Prensa
de Cantabria rinden homenaje al primer director de El Cantábrico,
José Estrañi, junto al monumento que le recuerda
en el santanderino Paseo de Reina Victoria |
APARECEN
LOS DIARIOS
La
segunda mitad del siglo XIX abre paso a la aparición de
periódicos diarios en Santander. El 1 de junio de 1849
se publica El Diario de Santander
que cierra en diciembre de ese mismo año. Su propietario
y director, Herrera San Martín, tenía una agencia
de negocios dedicada a la compraventa de toda clase de géneros
y artículos, funcionando, además, como casa de préstamos.
Esta publicación no se ocupaba de la política y
daba noticias de orden práctico y curioso. De tirada limitada,
era repartido a domicilio entre sus suscriptores.
En
octubre de 1850 aparece El Diario
Mercantil de Santander. Dirigido a sectores navieros
y comerciales. Desaparece en diciembre de ese mismo año.
En
los años posteriores aparecen y desaparecen cabeceras de
todo tipo: semanarios literarios, periódicos nocturnos
y publicaciones menores como El
Duende que, según hacía constar,
era un "periódico nocturno consagrado al bello sexo
y a los dilettanti", o La Pulga,
"periódico saltarín y chismográfico".
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En
1856, la ciudad recupera cabecera diaria con la aparición
de La Abeja Montañesa.
Este periódico, fundado por Castor Gutierrez de la Torre,
acogió en sus páginas a una juventud preocupada
por los temas artísticos y literarios que de las tertulias
saltaba a las columnas de la prensa para formar una elite de escritores
"furibundamente montañeses". En sus páginas
se estrenó en el periodismo el novelista constumbrista
José María de Pereda, escondido tras una "P"
al pie de sus artículos.
Con
pocas incursiones en la esfera política,
La Abeja Montañesa atravesó, sin
tomar posición, algunos de los períodos más
difíciles y convulsos de la historia española. Sus
comentaristas se ocuparon fundamentalmente de la literatura, las
variedades, el teatro, la moda y el urbanismo. Fue precisamente
este último tema en el que la publicación se mostró
especialmente crítica, puesto que la ciudad atravesaba
una fiebre demoledora, en la década de los años
60, con el derribo de numerosas casas viejas para construir nuevos
edificios.
Otra
publicación de esta época fue
El Tío Cayetano, un semanario, proyecto
personal del novelista José María de Pereda, de
carácter satírico en el que destacaba la crítica
teatral.
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| CABECERAS
HISTÓRICAS
Los movimientos
sociales, económicos y políticos que trajo consigo
el cambio de siglo marcan una nueva etapa en la prensa santanderina.
Citar todas las publicaciones que aparecieron y desaparecieron
a lo largo de este período sería imposible, pero
sí es obligado citar a aquellos periódicos que marcaron
hitos importantes en la opinión pública cántabra
de la época.
El
Atlántico, dirigido por Enrique Gutierrez-Cueto,
salió a la calle en mayo de 1886. Con un plantel de lujo,
en el que se daban cita importantes intelectuales de la región,
puede considerarsele el precursor de la prensa local del nuevo
siglo. De gran formato y prietas columnas, este diario dio muestras
desde sus primeros números de gran mesura en sus críticas,
sin perder jamás altura en las polémicas. Su línea
liberal dinástica y católica fue calificada, con
el paso del tiempo, de posibilista.
Cronista de
importantes acontecimientos, El
Atlántico informó desde los veraneos
de Benito Pérez Galdós en Santander, al paso por
la ciudad de Rubén Darío en 1892. La gran tragedia
del "Cabo Machichaco", en noviembre de 1893, ocupó
buena parte de las páginas del periódico durante
bastantes días.
La presencia
de nuevos periódicos que le hacían la competencia,
como La Atalaya y
El Cantábrico,
acabó con una trayectoria marcada por la ecuanimidad informativa.
El Atlántico dejaba de publicarse el 31 de marzo de 1896.
Adscrito a
la fracción de Unión Republicana aparece, en julio
de 1893, La Región Cántabra,
un semanario fundado y dirigido por Antonio Pérez del Molino.
La lacerante situación en Cuba y la presencia de los harapientos
soldados repatriados pidiendo limosna en las calles de Santander
fueron motivo de furibundos editoriales y campañas antiyanquis
en el citado periódico. La
Región Cántabra cerró en
octubre de 1896.
En 1893, el
obispo de la ciudad, Sánchez de Castro, había deidido
crear un periódico nuevo por y para católicos: La
Atalaya. Pocos meses después de estar en
la calle se produce la catástrofe del "Cabo Machichaco"
y fue tal el despliegue informativo que realizó este periódico
con dibujos, fotografías e informaciones de todo tipo,
que su impresor, Lorenzo Blanchard, tuvo la iniciativa de editar
el "Libro de la catástrofe".
Esta es una de las aportaciones más importantes que para
la historia de Santander realizó La
Atalaya. De los varios directores que estuvieron
al frente de su redacción, cuentan las crónicas
que hubo uno llamado García Núñez con pinta
de nihilista ruso y barbas de mujik que concordaban poco con el
espíritu conservador del diario. Se dice que García
Núñez iba siempre armado de un revólver que
ponía en su mesa junto al tintero y que una vez que acudieron
a su despacho unos reclamantes fueron recibidos a tiros.
Bajo la dirección
del escritor y periodista José del Rio, "Pick",
el periódico reflejó el tenso ambiente de transición
de la postguerra europea. La tertulia de La
Atalaya se hizo famosa en la ciudad porque a altas
horas de la noche la calle San Francisco se llenaba de la algarabía
de las discusiones provenientes de la redacción. No había
personaje importante que pasara por la ciudad que no recalara
en la tumultuosa reunión. Desde Eugenio D´Ors a Ignacio
Sánchez Mejías, entre otros numerosos personajes
de las letras, el arte o el mundo del espectáculo, se dieron
cita en las tertulias atalayeras.
Uno de los
éxitos de La Atalaya
fue cubrir con corresponsal propio la campaña de Melilla
que siguió al desastre de Annual en 1921. El golpe de estado
de Primo de Rivera imposibilitó la continuidad de esta
publicación de marcada tendencia política y en julio
de 1927 cerró no sin antes dejar clara su postura en un
editorial: "Es el nuestro un periódico que ha llegado
a tener tal personalidad y carácter, que darle personalidad
y carácter nuevo sería violentar su naturaleza.
Además sería un sacrilegio. Algo así como
si se quisiera convertir una basílica en una central eléctrica".
Competidor
ideológico y periodístico de La
Atalaya fue El Cantábrico,
diario fundado en 1895 y que contaba con imprenta propia. Su director,
José Estrañi, que llegaría a vivir en Santander
cuarenta y dos años, era de origen albaceteño, pero
con carta de naturaleza en la capital montañesa.
El
Cantábrico se presentaba con un corte más
moderno que sus rivales y un estilo más correcto aunque
no exento de agresividad si la ocasión lo exigía.
La guerra de Cuba tuvo en el periódico fiel reflejo, mostrándose
en todo momento encendidamente patriótico. Era un modo
de sostener los fervores populares, pero la pasión opinativa
con la que se trataba el tema llevó a subestimar el poderío
militar y naval de Estados Unidos, como pudo confirmar la historia
posteriormente.
Por las secciones
culturales de El Cantábrico
sabemos hoy del inicio del cinematógrafo y el fonógrafo
en la ciudad, allá por el año 1898, y dónde
y cómo se proyectaban las películas relizadas por
los pioneros Lumiere y Edison.
Cuando el
novelista canario Pérez Galdós estableció
su quinta de trabajo y vacaciones en La Magdalena, Estrañi
se convirtió en uno de sus mejores amigos, hasta el punto
de que colaboró en un libreto para una ópera basada
en la novela galdosiana, "Electra".
El republicanismo
de Estrañi no fue obstáculo en su fidelidad a los
principios de la información objetiva. Las noticias de
los veraneos reales, así como la decisión municipal
de ofrecer a don Alfonso de Borbón la península
de La Magdalena para construir el palacio de verano, encontraron
amplio espacio y decidido apoyo en El
Cantábrico. Sin embargo, su laicismo le
acarreó serios problemas con las autoridades eclesiásticas
que llegaron a amenazarle con la excomunión.
El paso de
Estrañi por El Cantábrico
marcó una etapa en la que el periodismo dejó de
ser de disputa para entender la necesidad de la convivencia. Sólo
las publicaciones menores y de escasa audiencia seguían
debatiéndose en escaramuzas de grandes gritos y poca monta.
Con la muerte
de Estrañi, en 1919 se abre un proceso de cambios en el
periódico. Siendo director Tomás Rivero se instala
la primera rotativa de la ciudad, bendiciendo la máquina
el obispo, Juan Plaza, detalle éste, que puso de manifiesto
un intento de acercamiento, sin perder su esencia de periódico
liberal, independiente y laico, al obispado, al que no había
ahorrado críticas desde su nacimiento.
La definitiva
desaparición de El Cantábrico,
que había dejado de publicarse el 27 de junio de 1937 por
orden del Frente Popular, se produjo con la llegada a Santander
de las tropas "nacionales" en agosto de ese mismo año.
Sus talleres, controlados por la Delegación Nacional de
Prensa y Propaganda del nuevo régimen, sirvieron para imprimir
un efímero diario llamado España
y posteriormente Alerta.
|
| El
Diario Montañés aparece en 1902 bajo
la tutela del obispo Sánchez de Castro y la dirección
del aragonés Angel Quintana Lafita, que había llegado
de Madrid con merecida fama de contar con un excelente bagaje doctrinal
y una profunda cultura humanística. Instalado en los bajos
del palacio de Macho, el nuevo diario no contaba con una tirada
amplia, pues la masa popular prefería las amenidades de su
coetáneos La Atalaya y
El Cantábrico.
Eran tiempos difíciles por los enfrentamientos derivados
de la inestable situación política que tenían
un reflejo en la vida local. La persecución religiosa alcanzaba
expresiones aflictivas para el clero y los católicos, que
tenía en el El Diario a
su máximo valedor.
En 1925 se
jubila Angel Quintana, dando paso en la dirección de El
Diario Montañés a Joaquín
Arrarás, un joven periodista formado en la Escuela de El
Debate -el periódico católico madrileño-
que supo dar al enquistado periódico un espíritu
más moderno. Arrarás se consideraba a si mismo "un
doctor que había venido para curar al periódico
de un amago de hemiplejia. Había que devolverle movimiento
y fortalecerlo con transfusiones y tónicos", escribiría.
Con esta filosofía consiguió de la empresa la construcción
de un edificio en la calle del Arcillero, donde instaló
una máquina "Duplex" y un taller de fotograbado.
Cambió el formato y dio a las informaciones un carácter
parecido al que entonces imperaba en la prensa madrileña.
|
 |
| Entre
las informaciones que El Diario Montañés
cubrió con relevancia están las de los milagros del
Cristo de Limpias y las dedicadas a la inauguración de la
Casa de Salud Valdecilla. Correspondió a Arrarás hacer
frente en el terreno informativo a los acontecimientos más
vidriosos de la Dictadura y de la Monarquía. La despedida
a los reyes don Alfonso y doña Victoria, en el verano de
1929, contó con el respaldo de
El Diario Montañés, enteramente solidario
y comprometido con la causa monárquica.
Pocos días
antes de la sublevación de Jaca, Arrarás deja la
dirección del periódico dando paso a Melchor Ferrer,
fogoso tradicionalista cuyos editoriales se movían por
un objetivo único: la vuelta de la Monarquía. Durante
el año 31 las amenazas y los asaltos por elementos revolucionarios
planteaban problemas al periódico que gracias a la experiencia
de Ferrer logró conjurar los malos augurios que se cernían
sobre el. Las huelgas salvajes mantenían en vigilia al
diario y sobre las mesas de la redacción se posaban pistolas,
así como un mosquetón y un rifle que, afortunadamente,
nunca fueron usados.
En 1936
El Diario Montañés fue incautado
y su organización giró bajo el control obrero de
los propios tipógrafos. Con la entrada de las tropas "nacionales"
El Diario pasó
de nuevo a sus propietarios, continuando su andadura hasta el
año 41 en que el incendio de la ciudad destruyó
su edificio, dejando la maquinaria tan mal parada que el periódico
tuvo que tirarse durante meses en una imprenta de Palencia. Desde
entonces hasta hoy, El Diario Montañés
ha ido en constante evolución. Por él pasaron importantes
profesionales de la prensa cántabra y en su redacción
se han forjado sucesivas generaciones de periodistas.
Lo
que fue considerado por sus socios fundadores como un "proyecto
romántico" ha llegado a nuestros días como
cronista de excepción de la vida de Cantabria en en el
siglo que está a punto de terminar.
El Diario, que desde 1979 dirige Manuel Ángel
Castañeda, es en la actualidad el periódico de mayor
tirada de la región. En 1979 la participación mayoritaria
del Obispado de Santander en el accionariado del periódico
pasó a manos de un grupo de empresarios y profesionales
de la región. Actualmente
El Diario forma parte del GRUPO VOCENTO.
LOS FELICES 20 Y LA II REPÚBLICA
En pleno apogeo
de la dictadura de Primo de Rivera, surge el diario vespertino
La Región. Dirigido por Victor de la Serna,
su primer número sale a la calle el 3 de abril de 1924.
La primera época de este diario está marcada por
una vocación regionalista acorde con el título de
su cabecera. "Todo por nuestro pueblo y por nuestra provincia"
era una de sus máximas expresadas editorialmente.
La línea
intelectual y literario que Victor de la Serna imprimió
en sus dos años de mandato cambió con su sucesor
en la dirección, Epifanio Buján. A la caída
de la dictadura primoriverista, La
Región se declaró abiertamente progresista,
y republicana desde poco antes de abril de 1931, con evidentes
coqueteos con el socialismo.
A Buján
le sustituye Luciano Malumbres, conocido en la ciudad por ser
el presidente del Ateneo Popular. Con Malumbres La
Región inicia una etapa marcada por las
turbulencias que atravesaba el periodismo local y el proceso revolucionario
en la provincia. Sus columnas encendidas y sus campañas
que, a veces, caían en el libelo, llevaron a su director
a la tragedia. Una tarde, cuando departía con unos amigos
en el bar "La Zanguina", Malumbres fue muerto a tiros
por unos pistoleros de Falage. El atentado, que causó una
fuerte conmoción en la ciudad, dio lugar a días
de confusión y de miedo.
El 18 de julio
de 1936, conocida la sublevación de una parte del Ejército
contra la República, Matilde Zapata, viuda de Malumbres,
se hace cargo de La Región
agudizando sus posiciones radicales e intentando ser portavoz
de unas fuerzas que no compartían sus extralimitaciones.
A pesar de sus posiciones revolucionarias
La Región no recibió del Frente
Popular trato de favor, viéndose sometida la publicación
al mismo trato recibido por los demás periódicos
locales. El cierre de La Región
se produjo el 29 de junio de 1937, dos meses antes de la entrada
de las tropas nacionales en Santander.
En agosto
de 1927 había nacido La Voz
de Cantabria, diario fruto de la fusión
de La Atalaya y
El Pueblo Cántabro.
Los conservadores montañeses, escindidos entre mauristas
y liberales conservadores, llegan a un entendimiento para sacar
un periódico que se autotitula "defensor de la Montaña".
Se confió la dirección a José del Río
Sainz y la jefatura de Redacción a Antonio Morillas. El
primero se decantó por la línea literaria apartándose
del espíritu combativo que había desarrollado con
anterioridad al frente de otras publicaciones.
Con veinte
páginas y abundante información gráfica a
cargo de los fotógrafos hermanos Quintana, La
Voz de Cantabria contaba con un importante plantel
de colaboradores. Además introdujo la novedad de editar
como regalo para sus lectores fotografías en huecograbado
de monumentos artísticos de la Montaña. Bajo el
mandato de Arnáiz de Paz, su segundo director, el periódico
empezó a salir también por las tardes. Ecuánime,
circunspecto y de juicio frío, Arnáiz comprendió,
al implantarse la II República, el 14 de abril, que la
burguesía lectora de su periódico debía mantenerse
dentro de un ponderado sentido democrático. Su adscripción
al republicanismo maurista provocó su detención
por la policía del Frente Popular, permaneciendo en prisión
hasta agosto de 1937. Tiempo después Arnáiz marcharía
a Perú donde ejerció como agregado de Prensa en
la embajada española.
La
Voz de Cantabria dejó de publicarse como
el resto de periódicos durante la guerra civil. En agosto
de 1937, cuando entran en Santander las tropas del general Franco,
El Diario Montañés
se hace cargo de su maquinaria y de todos sus
derechos, pasando a formar parte de su Consejo de Administración
algunos de los antiguos propietarios del desaparecido periódico.
LA GUERRA CIVIL
El deseo de
la Asociación de la Prensa, de tener una publicación
propia dio lugar a La Hoja del Lunes.
La génesis de esta empresa, que vio la luz el 22 de abril
de 1935, fue estimulada durante la visita del entonces ministro
de Estado Alejandro Lerroux en una modesta recepción que
se celebró en la trastienda de la armería Alberdi
de la calle San Francisco.
Las cuatro
páginas con las que se estrenó La
Hoja se editaban en los talleres de El
Diario Montañés y contenían
de forma apretada un resumen de la actualidad internacional, nacional
y local. La primera etapa del periódico se distinguió
por su asepsia política, línea informativa que se
interrumpió con la incautación que llevó
a cabo el Frente Popular. En este período sus páginas
se transformaron en una especia de boletín de órdenes
y disposiciones oficiales, así como en estafeta de los
milicianos combatientes en los frentes de batalla provinciales.
Pasada la
contienda civil, La Hoja
volvió a manos de la Asociación de la Prensa y después
de varios cambios en la dirección reanudó la línea
informativa interrumpida por la guerra. El incendio de la ciudad
en el año 41 destruyó los talleres de El
Diario Montañés y también
la sede de la Asociación, por lo que hubo que recomenzar
a los pocos meses.
Si la política
no pudo acabar con La Hoja
después de atravesar tantos avatares, sí pudo hacerlo
la competencia entre empresas periodísticas. La decisión
de salir los lunes, tomada por el diario Alerta, secundado más
tarde por El Diario Montañés,
supuso el acta de defunción de una publicación emblemática
en la prensa regional. El último número de
La Hoja del Lunes apareció el 9 de julio
de 1984. Casi medio siglo de la historia de la región había
pasado por sus páginas.
El 27 de junio
de 1937, los mandos militares y civiles de Euzkadi y Santander
acordaron suspender los tres periódicos locales -El
Cantábrico, El
Diario Montañés y
La Voz de Cantabria- para sustituirles por otro
único bajo la cabecera de La
República. Se trataba de unificar mensajes
en una difícil situación política y militar,
con los ejércitos "nacionales" a punto de tomar
ambas regiones, y, también, de una medida impuesta por
la falta de papel y tinta.
El Frente
Popular confío la dirección de La
República a Bruno Fontana, uno de los refugiados
vascos del que se decía era agente del Komitern (Internacional
comunista dominada por Stalin). Fontana, buen conocedor del oficio,
tuvo que formar una redacción de periodistas improvisados
y sacó a la calle el diario único el 29 de junio
con cuatro páginas tiradas en los talleres del incautado
La Voz de Cantabria.
Con el objetivo
declarado de mantener la moral de las masas y especialmente de
los milicianos, La Voz
se presentaba en su artículo inaugural como "clarín
de combate y periódico de la guerra". A medida que
se acercaba el desenlace de la contienda los "gritos"
tipográficos de La República
combinaban los llamamientos a la unión
y a la lucha con los silencios que la retaguardia exigía
para no afectar a la moral de los combatientes. Con las avanzadas
nacionalistas entrando en Torrelavega el informador del frente
escribía: "La resistencia tenaz nuestra puede costarle
a los invasores una catástrofe".
La antevíspera
del 26 de agosto, la carretera de Torrelavega se convirtió
en una riada de fugitivos hacia Asturias. En los muelles de Santander
miles de personas aterrorizadas se disputaban un lugar en cualquier
cosa que flotase. La tarde del 25 de agosto las avanzadas italianas
ya estaban Maliaño. Las brigadas navarras se encargaron
de cerrar el portillo occidental en Soto de la Marina. Ese día
ya no se publicó La República. La ciudad quedó
en manos de una Junta de Defensa que proclamó la ley marcial
en las calles a son de tambor y corneta.
Entre los
servicios de retaguardia de los "nacionales", llegados
a Santander en la mañana del 26 de agosto de 1937, había
una Delegación de Prensa y Propaganda con instrucciones
de publicar un periódico. Para acometer la tarea se nombró
a un falangista, Patricio Canales, quien procedió a la
incautación de las instalaciones y talleres de El Cantábrico
para sacar al día siguiente un periódico llamado
España. La única hoja de que constaba, de doble
tamaño que las habituales, daba cuenta de aquellas jornadas
históricas con las órdenes de la autoridad militar
e instrucciones a la población tendentes a la normalización
de la vida ciudadana. España
continuó saliendo con su insólito formato durante
seis días, para dar paso, inmediatamente, a un nuevo periódico,
Alerta, al que circunstancialmente sirvió
de puente.
LA PRENSA REGIONAL DEL SIGLO XX
El nacimiento
de Alerta, se produce
el 4 de septiembre de 1937. Su presentación era una síntesis
de la nueva situación: "Camaradas! Ya no son hojas
tiradas a pistoletazos. Este es un diario en hojas grandes y claras
para que nos entiendan los hidalgos de esta tierra, los obreros
del taller, y del campo. Para que todos sepan que queremos la
Patria, que queremos el Pan y que queremos la Justicia".
La doctrina
joseantoniana y el aparato nacionalsindicalista se empeñaron
desde las columnas de Alerta
en una propaganda insistente y machacona, con promesas de un futuro
lleno de esperanza. Mensajes dirigidos a una población
traumatizada por el drama fratricida que acaba de vivir.
A finales
del año 40 la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda
nombra director de Alerta a
Francisco de Cáceres y Torres, periodista formado en la
Escuela de El Debate.
Cáceres reorganiza la redacción incorporando a profesionales
santanderinos y poniendo al frente de la misma a Antonio Morillas.
El incendio
de la ciudad en 1941 también destruye las instalaciones
de Alerta. Parte
del equipo del rotativo se traslada a Bilbao para tirar el periódico
en los talleres de El Correo Español-El
Pueblo Vasco. Este período de provisionalidad
duró quince meses hasta que Alerta
pudo reanudar sus tareas en un chalet de la calle Santa Lucía.
Los problemas
derivados de la situación económica del país
y la restricción del papel prensa afectaron al periódico
en esta etapa hasta el punto en que había largas temporadas
en que sólo contaba con una hoja de papel y de una calidad
pésima. Finalizada la Segunda Guerra Mundial y en la medida
que España recupera la consideración diplomática
internacional, las páginas de Alerta
comienzan a reflejar ese inicio de la recuperación
económica del país, que corre parejo al proceso
de afianzamiento del Régimen franquista.
La evolución
de la vida ciudadana y una especial atención a las nuevas
tendencias de las artes y las letras tienen en Alerta
espacio relevante. En sus páginas los lectores
empezaron a conocer a poetas y escritores como José Hierro,
Carlos Salomón, Julio Maruri y Leopoldo Rodríguez
Alcalde, entre otros. Tertulias, exposiciones y todo tipo de actividades
cimentaron la gran influencia social que el diario alcanzó
en la sociedad santanderina.
En 1964 Alerta
celebró sus bodas de plata en el edificio de la calle Marcelino
Sanz de Sautuola con instalaciones y material modernísimo,
como el servicio de telefoto y los despachos telegráficos
de la agencia Pyresa. Se hicieron famosos sus premios al deporte
con las galas del Alerta de Plata que reunían en sus celebraciones
a lo más notable de la sociedad cántabra.
Después
de más de cuarenta años al frente de Alerta,
Francisco De Cáceres cesa como director. Desde 1982 el
periódico ha contado con varios directores: Francisco Freixenet,
Juan G. Ibañez, Emilio Gómez Vega, Víctor
Gijón y Juan Luis Fernández. Actualmente el presidente
del Consejo de Administración y Editor, Ciriaco Díaz
Porras, ha asumido, también, las funciones de director
del rotativo.
Hoy Alerta
sigue acudiendo a la cita con sus lectores desde sus modernas
instalaciones de Peñacastillo. Desde 1984 el periódico
es propiedad de CANPRESA, empresa presidida por Díaz Porras.
El periódico fue adquirido por la citada empresa en pública
subasta convocada por el Gobierno para dar salida a los periódicos
de la antigua cadena del Movimiento, agrupados desde la restauración
de la democracia en los denominados Medios de Comunicación
del Estado.
Entre los
periódicos editados en Cantabria durante la segunda mitad
del presente siglo destaca la edición de Cantabria de
La Gaceta del Norte, que estuvo dirigida por Jesús
Delgado. El Cántabro, revista mensual editada en Torrelavega,
la edición para Cantabria de
Diario 16, El Norte,
primero semanario y después diario, y Cantabria
Económica, revista especializado en temas
económicos y de periodicidad mensual, son algunas de las
publicaciones que vieron la luz en Cantabria en los últimos
años. De ellas sólo Cantabria
Económica sigue publicándose en
la actualidad.
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